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“...donde algún día será Plaza...”
profetizó Francisco Figueyras,
cuando tramitando la autorización para la instalación
de un oratorio, se dirigía por nota a la Curia
en 1797 y observaba anticipadamente sobre la finalidad
reservada para el predio frente al futuro oratorio...”...algún
día será Plaza...”
Durante muchas décadas la que hoy es nuestra plaza
principal no era otra cosa que un potrero invadido por
los pastizales; hasta fines del siglo XIX su perímetro
estaba alambrado con el objeto de alcanzar cierto resguardo
contra los animales que la acometían. En su esquina
sur, un portón de dos hojas, de hierro y alambre,
permitía el acceso a los vecinos que deseaban ingresar
a ella.
Recién luego de la primera en el siglo XX, el lugar
comenzó a jerarquizarse como plaza.
Inicia su identidad como tal, con el nombre de “Plaza
San Lorenzo de Navarro”, hasta que en el
año 1903 al celebrarse el cumpleaños número
ochenta del ex presidente Bartolomé Mitre, Navarro
se suma a las directivas impartidas por las autoridades
nacionales y cambia el nombre original del paseo por el
del anciano agasajado.
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Así,
la plaza principal de Navarro obtiene su nuevo nombre,
cuestión que se prolongaría por casi
un siglo, ya que recién en el año
2001, una acertada decisión del Concejo Deliberante
le devuelve el nombre original de “Plaza
San Lorenzo de Navarro”. En el año
1922, junto a la remoción del gran molino
de viento que tenía en su centro,
se procedió al mejoramiento integral del
paseo, dotándola de nuevos bancos, árboles
y senderos. |
“....Ésta,
que hasta 1917, sólo era una quinta más
o menos arreglada, hoy ya merece que se llame Plaza Pública....
Hoy, sin la presencia del molino, retirado de su centro,
y estos pequeños retoques, empieza a merecer el
nombre que representa, y una vez que se levante en su
centro un grupo escultórico, o una terraza, fuente,
etc., habrá llegado el momento de que alcance el
poder de su influjo atrayente a las familias, que, con
su presencia, la han de convertir en el paseo de sus preferentes
simpatías...” decía Enrique
Melazzi, Intendente Municipal, en la Memoria
de Gestión del año 1922.
Hasta la llegada de la energía eléctrica,
en el año 1926, la plaza, como todas las calles
de Navarro, era iluminada por unos pocos faroles
a querosén y/o gas de carburo, mantenidos y alimentados
con combustibles por los faroleros municipales.
En el año 1929 se comienza a construir
la rotonda de material en el sitio que anteriormente
ocupaba el molino de viento, y en la década de
1930 a 1940, con la construcción del mástil
principal -de 25 metros de altura- junto a la demarcación
de la explanada circundante a la rotonda, al embaldosado
de su sendero perimetral y la instalación de luminarias
eléctricas sostenidas por robustas columnas de
hierro fundido, le dan el aspecto que hoy, con pocas variantes
conserva.

Sólo el centenario ciprés plantado frente
a la iglesia -ya adulto a principios del siglo XX- queda
como testimonio vivo de aquellos inicios del paseo público.
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