Aún
habiendo pasado ciento treinta años de la muerte
de Moreira, continúan los sentimientos contradictorios
en relación con su persona. Es que los “dos”
Moreira en cierta forma, existen. Uno es el real: el Moreira
que mató y murió como vivió, y cuyos
crímenes figuran en los expedientes policiales
y judiciales de su época.

Foto: Moreira en el tapial,
actor Rodolfo Bebán.
El otro, aunque irreal, existe enraizado en la cultura
popular; y ella es la que se ha encargado de darle “vida
propia” a ese personaje. Quedarán éstas
y otras dudas, seguramente, al criterioso análisis
de quienes deseen juzgar cada una de las posiciones. No
obstante, en muchos hechos de su posterior novelada vida,
se acercan y se separan la realidad y la ficción.
Transcurridos algunos años de su muerte, la realidad
delictiva de Moreira fue transformada en una trágica
y conmovedora historia novelada por el escritor Eduardo
Gutiérrez quien comenzó a publicarla en
folletines de gran tirada; pero si algo faltaba para completar
la idealización de la figura del gaucho Juan Moreira
en el seno de las masas populares, lo agregó –casi
a fines del siglo XIX- la compañía circense
de la familia Podestá, la que a través de
uno de sus integrantes -José Podestá- convierte,
primero en pantomima y luego en guión teatral a
la historia de Gutiérrez, llevándola como
novedad teatral al picadero del circo criollo.
Esta historia de Juan Moreira allí abandona
el folletín escrito y accede en forma más
directa al pueblo, convirtiéndose en paradigma
de la injusta persecución de las leyes de los
más poderosos.
En las postrimerías del siglo XIX, las características
sociales de los sectores más populares fueron
excelente caldo de cultivo para que el nombre JUAN MOREIRA
se identificara prontamente con las penas, rebeldías
y frustraciones de los más pobres; y así,
a partir de una impecable y novedosa puesta en escena,
el sainete JUAN MOREIRA se convierte en la primera obra
teatral argentina, y el gaucho que había sido
perseguido por sus crímenes y que fuera matado
en Lobos por las fuerzas policiales de la Provincia,
fue adoptado por el gauchaje como ejemplo de idealismo,
de justicia popular y de sacrificio del desposeído.
En el año 1884,
en el teatro Politeama, ubicado en Corrientes y
Paraná, se había presentado con gran
éxito el circo internacional de los Hermanos
Carlo, qué, como casi todas las compañías
circenses de la época, presentaban en su
número final una pantomima o representación
teatral que excluyentemente trataba sobre temas
y epopeyas grandilocuentes desconocidas para el
gran público argentino.
La compañía, ese año 1884,
había tenido un resultado óptimo en
sus presentaciones, por lo que se dispuso
a despedirse del público porteño regalando
un espectáculo con argumentos novedosos y
de neto
corte local.
Es entonces cuando los hermanos Carlo se ponen en
contacto con Eduardo Gutiérrez para adaptar
su folletín JUAN MOREIRA a la representación
pantomímica del circo.
Foto: Pepe Podestá
personificando a Moreira. |
 |
Gutiérrez da conformidad al proyecto, pero condiciona
a los empresarios a que el personaje debía ser
representado por un criollo verdadero a efectos de evitar
los riesgos de la ridiculización del gaucho.
Con esa premisa los empresarios circenses comienzan a
recorrer las distintas compañías en busca
de su actor, hasta que encuentran la de los hermanos Podestá
y en ella a José “Pepe”
Podestá, acróbata de condiciones físicas
suficientes para representar al más ágil
de los gauchos, según lo relataba Gutiérrez
en su folletín, y dúctil actor que con su
personaje “Pepino el 88”
cautivaba vivamente a los espectadores. A partir de ese
momento, Pepe Podestá comienza a ser “el
Moreira del circo”.
Esta pantomima de Juan Moreira finaliza exitosamente con
la temporada de los Carlo en el Politeama, y no es sino
hasta el año 1886, que los Hermanos Podestá
deciden incorporar la obra a su espectáculo.
Ese año, en el pueblo de Arrecifes exhiben la pantomima,
pero el público entusiasmado y habido de una mayor
acción le propone a Podestá incorporar diálogos
a las escenas. Pepe, percibiendo que esto podría
ser sumamente novedoso, toma los diálogos escritos
por Gutiérrez y los adapta a los movimientos de
su pantomima e incorpora mayor acción en la pista,
sumando al escenario a caballos y jinetes, asados que
se cuecen a las brazas mientras desarrolla la acción,
payadores, bailarines y un pericón nacional bailado
por numerosas parejas.
El 10 de abril de 1886, el sainete JUAN
MOREIRA, con parlamentos, música de payadores y
un inusitado despliegue escénico se estrena en
el pueblo de Chivilcoy, sembrando allí la primera
semilla de lo que luego será el teatro criollo.
Como resultado de esto, la idealización del perseguido
gaucho continuaba creciendo en las masas populares, y
su nombre se transforma en una curiosidad artística
en todos los niveles sociales de la época.
Con el advenimiento de la radiofonía, y con ella,
el género artístico del radioteatro, JUAN
MOREIRA ocupa un lugar de privilegio durante muchos años
en los receptores que comienzan a multiplicarse en todos
los hogares urbanos, suburbanos y rurales, multiplicando
por miles a los seguidores de las andanzas del pícaro
gaucho.
Cada uno de estos géneros artísticos agregaba
condimentos pintorescos que hacían mas mítico
y atractivo a este personaje que había azolado
a Navarro en los años ’70 del siglo XIX,
y junto al radioteatro, el cine, también comenzó
a poner imágenes a un argumento auténticamente
argentino.
En el año 1913 se filma la primera
película “Juan
Moreira”, años después (1924)
“El último centauro:
La epopeya del gaucho Juan Moreira”. Luego
sobrevendrían dos más: Juan Moreira (1936)
y Juan Moreira (1948).
En el año 1972, -a casi cien años
de su muerte- cuando el mundo del espectáculo estaba
olvidando la figura del legendario personaje, el actor,
cantante y director de cine Leonardo Favio, recrea al
personaje en una memorable versión protagonizada
por el actor Rodolfo Bebán. |